Los “tò he” son figuritas modeladas con masa de arroz de colores que despiertan la fascinación tanto de los niños vietnamitas como de los adultos…
Antiguamente, cuando todavía no existían los cómics ni los libros ilustrados en Vietnam, los “tò he” representaban a héroes y personas comunes de la vida cotidiana, animales simbólicos como el dragón y el fénix, búfalos de agua, flores y toda clase de seres maravillosos de los cuentos de hadas y relatos históricos. Los niños se reunían en el espacio comunal de la aldea para escuchar historias y contemplar las figuras de reyes y mandarines, ataviados con elaborados trajes creados por hábiles artesanos, mientras imaginaban un mundo lleno de héroes y seres fantásticos.
La aldea de Xuan La, en el distrito de Phu Xuyen, Hanói, es famosa por la habilidad de sus artesanos para crear delicados juguetes “tò he”. Tradicionalmente, los artesanos no enseñaban este oficio a las mujeres, pues los padres temían que sus hijas revelaran los valiosos secretos de la profesión a la familia de sus esposos.
Características de los “tò he“
Según un anciano de la aldea de Xuan La, el secreto para elaborar un buen “tò he” está en la preparación de la masa. Primero, el artesano muele el arroz hasta obtener un polvo fino; después añade agua y lo mezcla hasta formar una masa pegajosa. A continuación, la coloca en una olla con agua, la lleva a ebullición y la cuece durante una hora. Cuando la masa sube a la superficie, vuelve a hundirse y emerge de nuevo, el artesano la retira de la olla. Luego aplica siete colores: blanco, negro, verde, amarillo, violeta, rosa y rojo. Sorprendentemente, los colores no se mezclan ni se manchan entre sí al ensamblar las distintas piezas de una figura “tò he”.
Muchas generaciones de niños vietnamitas se han llenado de alegría al ver a sus madres regresar del mercado con un “tò he”. Incluso podían comérselo después de jugar con él. Todo artesano de Xuan La que se inicia en este oficio aprende a complacer a sus clientes, especialmente a los niños. La empatía y el respeto por los demás son principios que cada habitante de Xuan La tiene siempre presentes. “Si queremos a las personas, ellas sin duda acudirán a nosotros”, afirman los artesanos del “tò he”.
Elaborar “tò he” no genera grandes ganancias. Los materiales —masa de arroz, varillas de bambú y colorantes— son económicos y se consiguen en la zona. En realidad, el artesano solo cobra por su paciencia y dedicación. Los clientes pueden hacer un encargo, observar cómo modela la figura y admirar el resultado apenas unos minutos después. Un “tò he” puede representar a una persona, un célebre general, un personaje de un cuento popular, un animal o una flor. Los artesanos conocen de memoria los rasgos de cada figura y dominan con precisión la cantidad de masa necesaria para modelar cada una de sus partes, como si esta destreza fuera un talento innato.
El significado del “tò he” en la cultura vietnamita
Estos encuentros también permitían transmitir a las nuevas generaciones las tradiciones y las enseñanzas sobre valores y principios morales. En la aldea de Xuan La, artesanos apasionados continúan el oficio heredado de sus familias y mantienen viva la aventura de crear imaginativas figuras “tò he”, a pesar de la enorme presencia de juguetes modernos y libros ilustrados.
Al señor To también le gusta enseñar a los niños el significado que se esconde detrás de los “tò he”. Les explica que la verdadera razón de ser de este oficio es llevar alegría a las personas, no ganar dinero. Por ejemplo, mientras crea una rata “tò he”, cuenta que estos animales tienen el hocico puntiagudo y la cola larga, que destruyen los cultivos y que los niños deben ayudar a mantenerlos alejados. Los pequeños escuchan fascinados al señor To mientras observan cómo la figura cobra forma entre sus manos.
Hoy, los juguetes de plástico y electrónicos inundan los mercados de las ciudades y el campo. Aunque los “tò he” no pueden competir con ellos, los habitantes de Xuan La siguen esforzándose por conservar su oficio tradicional. En la actualidad, alrededor de 300 vecinos elaboran estas figuras. Chu Van Nghe, un veterano de guerra de sesenta y siete años, aún practica el oficio. Su nieta de cuatro años ya le ha pedido que le enseñe a crear “tò he”. Hoy en día, muchas mujeres ayudan a sus esposos y familias a preservar esta tradición de la aldea. Cada día, los habitantes de Xuan La recorren distintos rincones del país —desde pequeñas aldeas hasta mercados y parques— para vender “tò he” a los niños y a quienes aprecian este arte.
Los habitantes de Xuan La se enorgullecen de que actualmente haya artesanos del “tò he” en todo Vietnam e incluso en otros países, como China, Laos, Camboya y Tailandia. Esto demuestra que el oficio no ha desaparecido por completo. Aunque una figura “tò he” sea pequeña, encierra gran parte del afecto, el honor y la dedicación que los habitantes de Xuan La imprimieron a esta tradición hace ya mucho tiempo.
Los “tò he” eran regalos sencillos pero maravillosos, llenos de amor y ternura, para los niños que esperaban con ilusión el regreso de sus madres del mercado. Estos modestos juguetes todavía brindan una inmensa alegría a los pequeños durante la época del Festival del Medio Otoño.
