Cultura y arte

La lucha es un arte tradicional nacional de Vietnam que atrae a numerosos espectadores.

El Campeonato Nacional de Lucha suele celebrarse en distintas provincias de Vietnam durante un hermoso día de primavera. Una brisa ligera ondea las coloridas banderas tradicionales plantadas en las cuatro esquinas de la arena, donde los finalistas del evento están a punto de competir.

Si no fuera por el ritmo seco del tambor y el ambiente caldeado propio de los acontecimientos deportivos, el entorno podría ser el escenario de una representación artística, ya que la lucha tradicional vietnamita («dau vat») se asemeja a una danza. De hecho, los aspectos más impresionantes de este deporte, extremadamente popular, son su carácter pintoresco y sus movimientos cuidadosamente coreografiados.

Los luchadores que esperan el comienzo de los combates se sientan alrededor de una «alfombra». No hay ring ni cuerdas. Con cal, los habitantes del pueblo han dibujado un cuadrado de unos 10 m por lado. El público se sienta alrededor del cuadrado y observa con expectación cómo los luchadores se frotan las manos sudorosas contra la tierra, sin dejar de vigilar a sus oponentes por el rabillo del ojo.

«¡Toong! ¡Toong! ¡Toong!». El tambor llama al combate a dos competidores. Como en todos los deportes tradicionales vietnamitas, un tambor, un gong o, a veces, ambos acompañan la lucha. El tambor marca el ritmo y estimula a los atletas. Un presentador anuncia a los competidores, que se levantan y avanzan hacia el centro de la «alfombra». Van con el torso desnudo y llevan pantalones cortos rojos y un cinturón de seda alrededor de la cintura: rojo para un competidor y amarillo para el otro.

Bailan con pasos ligeros que recuerdan a los de las aves. Sus brazos realizan movimientos flexibles y ondulantes que dejan ver su musculatura. Después llega el calentamiento, un espectáculo lleno de garbo y color. Normalmente dura dos minutos, mientras los tambores siguen sonando. Aunque las exhibiciones varían según las escuelas de artes marciales, todos los bailes de calentamiento deben seguir el ritmo del tambor. Cuando los luchadores terminan de calentar, el árbitro principal los presenta levantándoles los brazos, como en el boxeo. Después, los

luchadores se dan la vuelta y quedan orientados hacia lados opuestos de la arena. El tambor reanuda sus redobles espaciados. Los dos adversarios giran, quedan frente a frente y se estrechan la mano. Luego, con las manos en las caderas, se miran desafiantes. Al marcar el tambor un golpe seco, se giran y se alejan el uno del otro. Dan algunos pasos más mientras el tambor continúa, esta vez a una velocidad cada vez mayor. Con esto termina la parte «artística» del combate. Cuando la lucha comienza oficialmente, no hay lugar para los gestos amistosos. Los luchadores se vuelven a girar. Inclinan la espalda y, bajando las rodillas hasta casi agacharse, extienden los brazos. Sin dejar de mirarse, avanzan el uno hacia el otro como si se deslizaran, manteniendo el equilibrio para lanzar el primer ataque.

El toque del tambor regula el combate. El ritmo se acelera en cuanto uno de los adversarios inicia una presa. Vuelve a la normalidad cuando el peligro ha pasado, como si el tambor quisiera permitir que los luchadores recuperaran el aliento y mantuvieran la guardia. Cuando un luchador cae, el ritmo se acelera y se vuelve cada vez más apremiante. Un golpe final de tambor pone fin al combate cuando los hombros del perdedor tocan el suelo. El ganador y el perdedor se levantan entre los aplausos de un prolongado redoble.

Cada luchador tiene sus propias presas, transmitidas por su entrenador, la única persona que conoce estos secretos. Gana el luchador que consigue girar a su adversario con la «cara hacia el cielo» y obliga a que sus hombros toquen el suelo. Según las normas modernas, un combate consta de tres asaltos de cuatro minutos. Sin embargo, los combates tradicionales solían durar horas, ya que las reglas no permitían un empate.

Al asistir al Campeonato Nacional de Lucha Tradicional, podrás disfrutar de un ambiente emocionante, parecido a la intensidad de un partido de fútbol.

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